L enta e implacable continúa: avanzar y crecer. No tiene objeto el llanto, la mirada o el grito, no hay política, trato o súplica que atender, enorme en lo ínfimo, eterna en cada suspiro. No hay dulce muerte ni despiadado abrazo, sólo el ahora; vida y permanente volver. Sonríe el brote ante el orgulloso asfalto. Sombras volcadas en su ridícula comedia, ajenas a que la obra ya ha comenzado, que ensayan su papel protagonista cuando son solo parte del decorado. El telón no caerá entre aplausos y estruendo, ni bañado en gritos, arengas ni rabia, lo hará lento e implacable, sordo y ciego, pues nada celebra quien todo lo gana.
Vencer sin peligro es ganar sin gloria - Séneca