El otro día paré a repostar y, mientras esperaba turno, la vista se me fue a los carteles del entorno. Todo guardaba un orden lingüístico impecable: el surtidor (que surte), los lavacoches (que lavan coches), y así... y, al fondo, los aspiradores. Y ahí me asaltó una revelación. Miré el cartel y pensé: «¿Aspirador?, ¿aspirador a qué?, ¿a coche?». Porque vamos a ver, señorías de la Real Academia. Si respirar es el acto de inspirar y espirar (que no expirar, por supuesto), ¿a razón de qué viene ese prefijo "as-"? Etimológicamente, esa partícula no tiene nada que ver con meter aire en un pulmón o en una bolsa de filtro. Hay un bug tremendo en el castellano en este punto. Se entiende que "aspirar" es pretender algo superior, un aspirante es alguien con ambición y por lo tanto, un aspirador no debería ser una máquina que traga pelusas; debería ser un ente con objetivos, con sueños y convicción, con un plan. Y este error de código en nuestro idioma no me parece precisame...
Vencer sin peligro es ganar sin gloria - Séneca