He de decirte un par de cosas- J
visto que a tus ojos mentir no he sabido.
Que junto a ti el tiempo va más despacio,
que la sangre corre más intensa
para hacerme quien siempre he sido.
Quiero contarte un cuento triste con el que rías,
quiero que toques cielo con los pies en tierra,
deseo no ver jamás tus sueños atados,
que ames libre, que mires limpio,
y llores de tan feliz por las líneas que te escribo.
No hay razones para escribir esta carta,
sólo la de ver si aun te escribo,
la de dejarle claro al cielo que sé a qué juega,
que es siempre el mismo cuando no estoy contigo.
Te prometo que mañana no veremos nacer un Sol
si esta noche no estás conmigo.
Cuando los guardias civiles se han retirado, Mariví, una compañera, se me ha acercado llorando. No lloraba por rabia contenida, ni por la tensión, sino de tristeza: le parecía tristísimo que un ser humano fuera capaz de ordenar violencia contra un grupo pacífico. Y que otro le obedeciera. Mientras íbamos hacia Artieda tras vuestra carga, Carmen me ha hablado de un cura llamado Xirinacs que defendía la no-violencia y le escribía cartas al policía que le agredía en una u otra manifestación. Un tipo comprometido. Vía noblezabaturra.org Ahora, mientras escribo, me acuerdo del ser humano al que han logrado negar su capacidad de cuestionamiento, al fin y al cabo su libertad, la misma esencia de su humanidad, para confiar a ciegas en la cadena de mando. Alguien capaz de dejar que le amputen la responsabilidad de sus actos, su identidad, una persona minusválida en términos morales. Y no soy capaz de sentir otra cosa que mucha tristeza. Desearía decirle que comprendo su dolor, ...
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