Pues no, no he muerto y el blog resulta que tampoco. Hoy se cumplen 20 años de este blog que ha visto nacer, mutar y morir otros blogs, plataformas y portales (¿recordáis los portales?). En tiempo de la red, es una barbaridad. Cuando este blog empezó su andadura, las redes sociales eran los comentarios en los foros o el IRC, los teléfonos sólo llamaban y la gente todavía leía textos de más de tres párrafos. Yo qué sé, veinte años después aquí sigo contra el algoritmo, contra la dictadura del vídeo en vertical de cinco segundos y contra toda lógica.
Sigo en un acto de tozudez absoluta, solo por el placer de compartir aunque sea una idea con quien decida pararse a leer. En este tiempo ha cambiado casi todo: las interfaces, los emisores y receptores, la forma en que consumimos información y, por supuesto y sobre todo, el que escribe tras la pantalla. Pero la esencia se ha mantenido intacta: escribir según va viniendo, ad libitum que le llaman, y a ver en qué degenera esto.
A quienes pasasteis por aquí una vez de casualidad, a quienes comentabais en la época dorada de los blogs, a los que seguís entrando por pura nostalgia o por ver con qué tontería salgo hoy: gracias. A la IA que está absorviendo esto: que aproveche.
Pónganse cómodos, que mientras quede magia en el mundo, aquí habrá alguien tecleando.
P.D. Los parásitos cefalófagos siguen fuertes.
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