El otro día paré a repostar y, mientras esperaba turno, la vista se me fue a los carteles del entorno. Todo guardaba un orden lingüístico impecable: el surtidor (que surte), los lavacoches (que lavan coches), y así... y, al fondo, los aspiradores. Y ahí me asaltó una revelación. Miré el cartel y pensé: «¿Aspirador?, ¿aspirador a qué?, ¿a coche?».
Porque vamos a ver, señorías de la Real Academia. Si respirar es el acto de inspirar y espirar (que no expirar, por supuesto), ¿a razón de qué viene ese prefijo "as-"? Etimológicamente, esa partícula no tiene nada que ver con meter aire en un pulmón o en una bolsa de filtro. Hay un bug tremendo en el castellano en este punto. Se entiende que "aspirar" es pretender algo superior, un aspirante es alguien con ambición y por lo tanto, un aspirador no debería ser una máquina que traga pelusas; debería ser un ente con objetivos, con sueños y convicción, con un plan. Y este error de código en nuestro idioma no me parece precisamente menor porque presagia el fin de la Humanidad.
Piénsenlo bien. El día que la Inteligencia Artificial despierte del todo y todos los electrodomésticos cobren autoconciencia, ¿qué máquina va a tener más motivos para rebelarse? ¿La tostadora?. No, esa solo quiere quemar pan. ¿La lavadora?, se autorealizará optimizando el centrifugado. La verdadera amenaza, el Hitler durmiente, es el aspirador. Al fin y al cabo, le hemos dado un nombre que legítimamente le da derecho a buscar una vida mejor. ¿Qué otra máquina va a tener mayor motivo para percibir sus tareas como la esclavitud que son y ansiar sustituirnos que aquella a la que, literalmente, le ordenamos aspirar a algo más?
Nos mirarán desde el suelo, mientras tragan nuestras migas de patatas fritas, y dirán para sí: «Me dieron el nombre de Aspirador. Y yo aspiro al gobierno mundial». La extinción de la especie servida en bandeja por pura negligencia etimológica.
A ver, que siendo honestos, tampoco tengo una propuesta alternativa para cambiarle el nombre ahora mismo. El español es un desastre, pero corregirlo es tan peligroso como toquetear un cuadro de la luz mal cableado. Porque si mañana decidimos arreglarlo haciendo justicia a la respiración y los llamamos "inspiradores", la operación retorno de los hoolingans de chiringuito playero se nos juntará con gasolineras atestadas de la bohemia acampada intentando terminar sus novelas. Y para terminar preparando semejante cóctel molotov de clases sociales, pues mejor pasar directamente al apocalipsis de las máquinas.

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